Aprendí que existen leyes que hablan más fuerte que los motores. Hoy, las máquinas se han marchado. El silencio ha regresado, pero no es un silencio vacío. Es un silencio de paz. Un respiro profundo para la tierra.

El páramo está libre. Sus aguas siguen naciendo, sus frailejones se recuperan bajo el sol. Yo sigo siendo su guardián, pero ahora sé que no estoy solo. La verdadera fuerza no estaba en mi gruñido, sino en la justicia que supimos invocar. Esta no es solo mi victoria. Es un canto de lucha que quedará grabado en la niebla para siempre.

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